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23.03.2018 Entrevistas

María Figols y la biología de la construcción

Es Ingeniera de Edificación por la Universidad Nebrija (Madrid), Máster en Bioconstrucción por la Universidad de Lleida, y Especialista en Mediciones de bioconstrucción por el Instituto Español de Baubiologie.

Formada en certificación energética de edificios por IDAE, ha impartido clases y cursos vinculando la eficiencia energética y la bioconstrucción, aunque centra actualmente su labor docente y de asesoramiento en el campo de la salud en el hábitat, tanto a nivel de docencia y gestión del Máster de Bioconstrucción IEB – UdL y otros cursos afines, como a nivel de detección, medición y valoración de los factores de riesgo físicos, químicos y biológicos en viviendas y centros de trabajo.

5 Principios, 5 Preguntas

Llegamos a la “biología-constructiva”. Somos lo que comemos. ¿Somos también lo que respiramos, tocamos…?

Como en la buena cocina, siempre hay algún ingrediente oculto y una combinación de otros muchos. Por un lado, la baubiologie, o biología de la construcción, si nos aferramos a su traducción más literal, humaniza la arquitectura más técnica y contemporánea. También le pone criterio al respeto por la arquitectura tradicional y vernácula. Y además, tiene en cuenta la salud de nuestro planeta y la de quien ocupa los edificios. Así que la coherencia y globalidad de este concepto es el ingrediente principal.

Pero además, siempre está la anécdota personal, y es que hace años me impactó ver a mi madre intoxicarse mientras pintaba un cuarto trastero. Afortunadamente aquello quedó en un susto, pero me hizo darme cuenta de los vapores que pueden emanar de materiales aparentemente inocuos, y cómo el organismo puede reaccionar ante ellos. Así que cuando tuve que enfocar mi especialización profesional lo tuve claro, una arquitectura y construcción biocompatible.

Como seres vivos, nos relacionamos e interactuamos con nuestro entorno. Necesitamos de él para sobrevivir, tanto del aire que respiramos, como del agua, los alimentos, las radiaciones naturales, etc. sólo que igual que lo necesitamos, si el equilibrio no es el adecuado, también pueden dañarnos. Así que si para funcionar, respiramos, lo que respiramos, hará que nuestro sistema respiratorio funcione correctamente o no, en función de sus condiciones.

Nuestros hábitos de vida han cambiado notablemente en las últimas décadas y la OMS afirma que podemos pasar entre el 80 – 90 % de nuestro tiempo en espacios cerrados, y de la calidad de su ambiente interior (temperatura, humedad, composición, electroclima, etc.) dependerá en gran medida el confort. Ya que como plantea la OMS, la salud humana depende de la capacidad de la sociedad de manejar la interacción entre las actividades humanas y el medio ambiente físico y biológico.

¿Cuáles son los mayores riesgos que corremos dentro de un edificio y cómo podemos mitigarlos?

Para bien o para mal, no hay una clasificación de riesgos por orden de peligrosidad, ya que en función de cada persona, cada edificio, cada entorno, los factores pueden variar. Pero entre los principales riesgos, las causas pueden estar en la propia naturaleza, como por ejemplo una vivienda contaminada por gas radón. O en los materiales de construcción, como el formaldehído, los COVs y COPs que emanan de materiales de construcción, acabado y/o equipamiento. También unas instalaciones de electricidad y comunicación instaladas sin tener en cuenta la influencia de las radiaciones artificiales en nuestro organismo. O un mal mantenimiento de nuestras instalaciones o edificios puede derivar en una mayor concentración de partículas en el aire, o de microorganismos derivados de una inadecuada planificación de la sección constructiva y el riesgo de condensaciones intersticiales y/o superficiales.

Para mitigar cualquiera de estos riesgos es necesaria una adecuada planificación constructiva y así evitar cualquiera de estos factores durante el proceso de diseño y construcción del edificio. Igualmente, un adecuado control durante la ejecución de los materiales, que garantice su idoneidad, como por ejemplo, seleccionar materiales con bajas o nulas emisiones de COVs, evitar el exceso de humedad en obra o resolver puentes térmicos y detalles constructivos, así como garantizar una adecuada renovación de aire. Esto supone construir edificios con materiales y sistemas constructivos donde la naturaleza sea su espejo y su principal elemento sincronizador. Pero además es necesario comprobar y verificar por técnicos/as componentes la ausencia de cualquiera de estos factores de riesgo.

Si nos planteamos hacer una rehabilitación en nuestra vivienda y queremos que sea saludable, ¿por dónde tenemos que empezar?

El objetivo de toda rehabilitación debería ser alcanzar una vivienda saludable, eficiente y bella. Es decir, renovar paramentos, acabados, instalaciones y/o equipamiento bajo una perspectiva global e integradora, que no sólo tenga en cuenta el aspecto estético, o no sólo su eficiencia, sino que sea siempre una combinación de todos los factores de salud, eficiencia e interiorismo, para alcanzar el máximo confort y bienestar.

Para ello, será preciso empezar por estudiar las condiciones de partida y conocer los materiales de construcción del edificio, su implantación bioclimática y la relación con el entorno natural para un máximo confort con el mínimo consumo de fuentes de energía auxiliares. Asimismo, será necesario también estudiar las radiaciones naturales y artificiales que afectan a la vivienda, ya sea por su implantación en un terreno determinado, por las influencias externas (antenas, centros de transformación, etc.) o por instalaciones existentes (instalación de baja tensión en viviendas colindantes, estado de la toma de tierra del edificio, otros dispositivos inalámbricos presentes, etc.)

Una vez conocida la situación de partida, es más sencillo plantear soluciones precisas para garantizar una adecuada envolvente térmica, que proporcione el aislamiento en cerramientos exteriores, así como el control y solución de los posibles puentes térmicos. De la misma manera, se buscará la hermeticidad de los encuentros y detalles constructivos, para optimizar la demanda energética, a la par que se garantiza un adecuado sistema de renovación de aire.

Es decir, que con criterios de partida globales, se plantean soluciones integradoras. Soluciones adecuadas para garantizar temperaturas de confort adecuadas, humedades relativas entre el 40 y el 60 %, baja demanda y consumo de calefacción y refrigeración, y bajas emisiones al aire debido a materiales de acabado y/o equipamiento, entre otros parámetros de salubridad, y siempre con el mínimo impacto ambiental posible

Ahora se empieza a usar en los edificios ventilación mecánica. Es decir, todo el aire que entra en casa pasar por estos tubos, por lo general de plástico. ¿Esto es realmente saludable? ¿O cómo tendrían que ser estos conductos?

Para que una vivienda cumpla con los más estrictos criterios de salud, eficiencia y ecología, será fundamental una adecuada renovación de aire interior. Y la manera en que se lleve a cabo, condicionará también su efectividad.

Debido a las exigencias de hermeticidad que ayudan a optimizar la demanda de climatización de un edificio, es, efectivamente, cada vez más frecuente la instalación de sistemas de ventilación controlada por conductos – aunque no sea el único sistema que garantice la renovación de aire. Y la manera en que este aire renovado es aportado a los espacios interiores, condiciona, claro que sí, su calidad. Ya que es importante que se aporte aire fresco ionizado, con oxígeno de carga negativa. Y aquí influye el material del conducto y la velocidad del aire, ya que los conductos plásticos tienden a ionizar positivamente el aire que circula a su través, lo que va en detrimento de su calidad. Un sistema de conductos con material metálico, como el acero galvanizado o acero inoxidable, podrían formar parte de un sistema de ventilación centralizado adecuado.

Estamos en el momento que empezamos a medir todo, nuestros consumos, nuestras necesidades. Un usuario de edificio final puede medir la calidad de su vivienda desde el punto de vista bio. La administración y la normativa existente hacen frente estos planteamientos o, ¿cómo deberían hacerlo?

Efectivamente, es tiempo de sellos, certificados y etiquetas que quieren reflejar nuestros estándares de calidad, aunque la administración y las normativas, no siempre recogen los criterios globales de salud y eficiencia. Es verdad que determinadas etiquetas y certificados energéticos, como puede ser el estándar Passivhaus, garantizan la eficiencia de tu vivienda y la baja demanda y consumos energéticos, sin embargo, pocas etiquetas garantizan un planteamiento bio global.

Si queremos una vivienda que garantice el confort y el bienestar, será necesaria una revisión de la misma por un/a técnico/a competente. Un/a técnico/a que revise los materiales de construcción y renovación, que cuantifique el nivel de radiaciones artificiales y naturales existentes y que pueda valorar la presencia de contaminantes orgánicos volátiles y/o persistentes en el ambiente interior, así como estudiar el riesgo de condensaciones y/o problemas derivados de la presencia de humedad excesiva – y otros requisitos que la baubiologie recoge en su norma de medición en bioconstrucción SBM 2015.

A mi modo de ver, la administración, a través de las normativas existentes, siempre ha ido por detrás de las tendencias más innovadoras del sector, sean vinculadas a la eficiencia y/o a la salud y calidad global de los espacios habitados. Y, en parte, tiene su razón de ser, ya que la arquitectura, el diseño, la construcción de edificios eficientes y saludables, es mucho más que una tendencia normativa. Es una necesidad, una respuesta a las demandas del sector en algunos ámbitos, y una respuesta a una necesidad real detectada por técnicos competentes. La sociedad necesita edificios eficientes y saludables, ya que sino la bandera de la sostenibilidad no podrá ser del todo garantizada. Sin embargo, esto no quita para que la administración deba dar soporte a las nuevas necesidades de un mercado cambiante, facilitando soluciones, justificaciones y promoviendo con el ejemplo propio, en lugar de poniendo trabas administrativas como puede ocurrir con determinadas soluciones constructivas.

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